Una decisión que no venía de una urgencia, sino de evolución
La universidad venía trabajando de forma consistente en el mejoramiento de sus espacios académicos. Como parte de ese proceso, decidió intervenir tres aulas que ya no respondían a las nuevas dinámicas de enseñanza.
No se trataba de una falla puntual, sino de una necesidad de actualización: pasar de aulas tradicionales a entornos preparados para tecnología.
Un cambio que implicaba más que lo visible
Aunque la intención era clara, la transformación no era únicamente estética. El cambio implicaba adaptar condiciones físicas y técnicas del espacio para recibir nuevos equipos.
- redistribución del espacio
- ajuste de sistemas técnicos existentes
- preparación para nuevas cargas y configuraciones
Un entorno institucional que exige orden y continuidad
Al tratarse de un entorno educativo, la intervención debía hacerse manteniendo coherencia con el uso del espacio, sin afectar la lógica operativa de la institución ni su planificación académica.

